Al proyecto Cavas Rosell Boher lo imaginó un grupo de profesionales, de profunda raigambre mendocina que en 1996 soñó recuperar la producción artesanal de espumantes elaborados con el método “Champenoise†o “Tradicional de segunda fermentación en botellaâ€. Unieron entonces voluntades, esfuerzos y experiencia en este objetivo común. En 1999 se adquieren las centenarias instalaciones de la bodega fundada en el año 1900 por Bernardo MartÃnez (abuelo de Alejandro MartÃnez Rosell), a punto de ser demolidas. La construcción, realizada mitad en adobe y mitad con ladrillos antisÃsmicos se habÃa conservado en perfectas condiciones, gracias a la visión de aquellos inmigrantes. Después de una serie de adaptaciones, reformas e incorporación de tecnologÃa, Cavas Rosell Boher encuentra con la llegada del nuevo milenio, una cava ideal para la fermentación reposada de sus espumantes. Desde entonces, sin apurarse ni restarle tiempo a su arte, el equipo que dirige Alejandro MartÃnez Rosell sigue esforzándose dÃa a dÃa para alcanzar los máximos estándares en espumantes. Rosell Boher es el producto de muchos años de experimentación lúdica. Sus protagonistas: Alejandro MartÃnez Rosell y equipo técnico. De sus mayores heredaron el gusto por la búsqueda. Y la búsqueda no sólo como el deseo de captar un objeto, su esencia, sino también el privilegio del aprendizaje como un transito: aunque no sea ahora, aunque no sea ya. Paciencia, tiempo y dedicación son algunas de las caracterÃsticas de nuestros buscadores. Saben qué sucede con sus mejores vino en el transcurso de los años; se toman el tiempo necesario para probarlos. Sin embargo, en Argentina – ” un paÃs sin tiempos” – nos dicen – “sin tradición de espera”, ha dejado pasar, en muchos casos, sus mejores y sus peores cosechas sin una reflexión, sin enseñanzas.
