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Ahora, El Problema De La Rosca

Pensaban que el problema del tapón de corcho en el vino había quedado resuelto con la introducción del de rosca. Pero ahora los productores de vino tinto tienen que lidiar con uno todavía mayor: el olor a huevos podridos. Los expertos creen que una de cada 50 botellas que se cierran con tapón de rosca en el Reino Unido, y unas 200.000 en todo el mundo, podrían estar afectadas por un proceso químico denominado sulfatación. En cuanto retira el tapón metálico, el consumidor se ve embestido por un olor a azufre que algunos comparan al de la goma quemada, las cerillas usadas o incluso la bomba fétida que un niño travieso arroja en el colegio. Los expertos minimizan el problema cuando se trata de un vino blanco con tapón de rosca y se compra para beberlo de forma inmediata, pero consideran que los tintos como el pinot noir o el cabernet sauvignon envasados con esta técnica podrían resultar un verdadero fiasco. Los sulfatos se encuentran en el vino en estado natural. Cuando se descomponen producen un compuesto llamado tiol, que es el que proporciona al azufre su aroma característico. Los corchos permiten que entre el oxígeno, el cual “desulfata” los thiols y evita que desprendan tal olor. También puede haber sulfatos en botellas que no se hayan limpiado convenientemente. Los tapones de rosca aplican un cierre hermético por donde no puede entrar el aire. A los principales supermercados y almacenes de vinos se les ha comunicado que es probable que tengan que enfrentarse a devoluciones por parte de los clientes descontentos. A los productores también se les ha facilitado el resultado de los estudios, a fin de que intenten erradicar el problema, dado que éste se produce en el transcurso del proceso de elaboración. Casi el 90% de los vinos que Nueva Zelanda exporta al Reino Unido tienen tapones metálicos de rosca.

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